Yo soy Bolivia

Yo soy Bolivia

Gary Palillo

El sombrero tiene un rostro tallado. Mitad luz, mitad sombra. Gary Palillo lo sostiene con cuidado, como quien sujeta un recuerdo que pesa más que su material. —Esto lo hicimos acá, en El Búnker —dice—. Fue para nuestro primer espectáculo en teatro. Se llamaba Awaq. En quechua significa rostro. La pieza descansa sobre la mesa. Gary la mira y uno entiende que no es un adorno. Es una metáfora de lo que hace una academia de danza. Mostrar el rostro. Mostrar quién se es. Mostrar, sobre todo, que se es, de Bolivia. La Academia de Danza Soy Bolivia cumple 15 años. Quince años formando bailarines, quince años construyendo cuerpo y alma, quince años diciendo, sin miedo y sin titubeos, el nombre de este país. Su director, Gary Palillo, es profesor de Educación Física, bailarín desde niño y villano de corazón. Esta noche, en El Búnker, espacio donde tiene su sala de ensayo, recibe a Orgullo, Poder y Estilo para contar cómo se baila cuando el baile no es solo adorno, sino forma de vida. —¿Cómo empieza todo? ¿Dónde nace ese gusto por la danza? —Me remonto a cuando era jovencito. Seguramente muchos de los que entrevisten te van a decir la misma línea: iniciamos en la etapa escolar, en las horas cívicas, como rescate, como aprendizaje que nos dan los maestros. Y a uno

Gary Palillo, director de la Academia de Danza Soy Bolivia, abre las puertas de El Búnker para conversar sobre el cuerpo.

le llega a gustar. En ese momento el folclor no era tan popular como ahora. A veces no todos querían participar voluntariamente, era casi obligatorio. Pero algo se quedó. Después, en la Normal, estudiando Educación Física, tuvimos un maestro de danza. Y ahí es donde ya pude reforzar de manera pedagógica este criterio. Porque enseñar a bailar es muy diferente que copiar los pasos. —Cuéntame de esa primera foto. ¿Dónde fue? —Mi primera fotografía es de moreno, en la etapa de kinder. El kinder Corina Gallardo, en Villa Victoria. La directora era una actriz famosísima del Teatro Nacional. Y yo me siento satisfecho de haber tenido una artista como directora. Tal vez ahí esa mística, esa magia, esa energía que ella brindaba se quedó con nosotros. Después pasé por la escuelita Bautista Saavedra, también en Villa Victoria. Después al Manuel Bernal Mariaca, igual en Villa Victoria. Yo soy villano de corazón. —Villa balazos. —(Ríe) De corazón, exacto. Mi vida artística como bailarín nació con mi papá. Él era maestro de primaria y en el Manuel Bernal Mariaca tenía su fraternidad con puros escolares. Bailaban caporales y waka waka. En esas épocas era la danza bomba, también por las hermanas Estrada. Así que ese fue mi recorrido artístico dentro de la danza nacional. —¿Y cómo se da el salto a las academias, a los ballets, a algo más trabajado? —Ahí ya me remonto a la etapa de formación profesional en la Normal. Mi maestro, Carlos Uy, nos daba danza clásica y después nos recomendaba: “Vayan a la escuela, van a perfeccionar más”. Él veía los talentos. Y así me llevó a ese camino de profesionalizar este maravilloso arte. En la Normal conocí a Claudia Vargas, mi socia. Ella daba talleres en el Piloto Ademar Jaín y me invitó a

ser parte de sus instructores. Ya teníamos la didáctica, la pedagogía y el conocimiento de las danzas. Un día nos juntamos y dijimos: ¿por qué no abrimos algo juntos? Con un pensamiento crítico, analítico y formativo. Que realmente lleve a los niños, jóvenes y adultos a entender que la danza no solamente es movimiento, es cultura física. —Ahí nace Soy Bolivia. ¿Cómo llega ese nombre? —Estábamos con Claudia, lanzando nombres. Y recordamos nuestras experiencias saliendo de la ciudad y del país. ¿Qué es lo primero que hace un boliviano cuando llega al exterior? Alguien le pregunta: “¿De dónde eres?” Y uno responde: “Soy de Bolivia”. Pero nosotros pensamos: no es “soy de Bolivia”. Es “yo soy Bolivia”. Porque cada persona que sale de este país y llega a otro, creo que con el corazón en alto y con su bandera extendida, dice: “Soy de Bolivia”. Nosotros lo acortamos. Yo soy Bolivia. ¿Y tú? —Yo soy Bolivia. —Exacto. Esa es la respuesta. Nos apropiamos de eso. Somos identidad. Tratamos de que con el nombre, la identidad de nuestro país y su cultura se muestre desde Soy Bolivia. —Una pregunta que me hago y que tal vez nuestros lectores también: ¿qué diferencia hay entre un ballet y una academia? —Buena pregunta. Si nos vamos a la literatura, el término “ballet” implica, por lo menos, pasar cinco días de clase haciendo danza clásica. Acá en Bolivia es difícil por los tiempos. Los padres a veces no pueden traer a los niños, los adolescentes tienen el colegio, los prefacultativos… Decir “ballet folclórico” ya te sube el nivel. Pero hacer cinco días de clásica y dos de folclore para tener una representación de alto nivel es complicado. La academia trabaja con lo que hay, con los tiempos que se tienen, pero sin perder la formación. Nosotros diseñamos una estructura con todos estos años de experiencia. Lo bueno, lo rescatable, lo que había que cambiar.

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